Mostrando las entradas con la etiqueta mentira. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta mentira. Mostrar todas las entradas

Llamado a silencio

Leo en Crítica (el diario al que más presto atención, podría decir) que lo que pasó con la familia Pomar desnuda la ineficiencia del estado (en éste caso el término también va en minúscula), y no puedo estar más de acuerdo. La inutilidad oficial es casi avergonzante. Pero lo que no dicen los medios es su propia inoperancia, su rol generador de fantasías, creador de ficciones paralelas, de verdades inventadas y de lucubraciones amarillistas que llenaron contenidos disfrazados de periodismo alrededor del caso. Y tampoco hablan esos medios de su gente, de "la gente", que se involucra tan seriamente en contestar encuestas tan livianamente perturbadoras. Hasta hace dos días la encuesta era: "¿Qué piensa que pasó con los Pomar?"; hoy, cadáveres mediante, es: "¿Cómo calificaría la investigación del Caso Pomar?".
Porque, obvio, lo importante es tener una opinión, no importa cuán fundada sea, hay que hablar, porque sí, porque es lo que nos interesa, porque es lo importante, porque el silencio es desorden ante el ruido mediático que ordena todo.

Gente de mierda

Cada vez que me encuentro con ciertas actitudes o razonamientos o ciertas maneras de actuar me indigno.
Trato de no generalizar pero a veces no lo puedo evitar...
Los empresarios (todos los que les quepa el sayo) que aumentan los productos que fabrican sin ninguna razón o solamente porque tienen dudas acerca del futuro cercano o porque les aumentan minimamente los insumos o porque sacan provecho de una situación circunstancial (medicamentos, barbijos, alcohol en gel etc. por estas épocas)... esos empresarios me parecen detestables y miserables.
Los improvisados que se ponen a fabricar barbijos porque es el negocio del momento (gracias al delirio paranoide gripal) (Son los mismos que fabrican banderitas para el mundial de fútbol, pero en ese caso no me jode tanto... he ahí quizás una contradicción... no sé, después lo pienso mejor), esos improvisados me fastidian...
Los empleados que pretenden sacar ventaja de esos improvisados, aumentando el precio de la tela para barbijos y ni siquiera siendo una decisión de los dueños, sino de los empleados mismos, esos empleados me resultan odiosos...
Reencontrarme con esta gente, reconocerlos, convivir, trabajar con ellos, trabajar para ellos, saber que están, que son muchos... me rompe soberanamente las pelotas.

En La Nación no hay putos

En homenaje a Fernando Peña, hoy en el diario Clarín salió este aviso a página entera con la frase “Chau puto lindo, gracias por todo”, firmado abajo con el logo de la radio Metro. Al final de cada programa, Peña siempre pedía que le dijeran así. Pero el aviso fue rechazado por el diario La Nación, que no aceptó publicarlo por considerar ofensiva la palabra “puto”.

(Fuente)

No me hace falta opinar. Me parece, solitos, solitos se exponen.

Lo que sí quiero decir es que detesto los homenajes post mortem, me parecen de una vanalidad, de una hipocresía, de un caretaje insostenible.
El flaco era un genio, un boludo, un facho, un provocador, un incoherente, un irremplazable, muchos de los que ahora lo homenajean compungidos y acartonados, se escandalizaban y criticaban los desvaríos de Peña. Impresentables.

Solicitada


Hacer click en la imagen si la ven como el orto como la veo yo.


Es sólo una cuestión de elecciones

Mi incoherencia me sobrepasa. Es que por momentos pienso que la democracia, tal como la vivimos actualmente, es una farsa. Que nadie representa más que sus propios intereses y que todos logran cautivar votos con políticas viejas y efectivas o con un discurso fingido pero eficaz. Que las elecciones no son más que un cambio de rol de las mismas figuritas...
Pero por momentos, no...
Escucho a Solanas, a Lozano o a Sabatella por ejemplo y creo... o quiero creer... quiero creer que no es una postura, y que lo dicen convencidos de lo que dicen... es más, creo (o quiero creer) que están dispuestos a hacer algo con esas ideas, que no son ideas o posturas que se quedan ahí nada más, que tienen posibilidades de intentar hacer algo con eso...
Me gustaría tener más certezas, estar más seguro, más convencido, aunque sea convencido en que no creo en nadie y no espero nada... pero hay algo inevitable... y me engancho y escucho, y miro la tele cuando hablan...
Hay una cosa que me enorgullece, una cosa en que estoy seguro y no dudo ni titubeo... sé, efectivamente a quién/es no voy a votar.

Hacerse notar

No me molesta que intenten mejorar el tránsito de la zona... aunque implique que los clientes tengan que dejar el auto más lejos y que los fleteros estén de peor humor porque no tienen tiempo para descargar la mercadería tranquilos...
No me molesta que haya que separar la basura que se pueda reciclar, de la que no, y que haya que sacarla en distintos horarios...
Es más, no me molesta que se arreglen las calles, aunque implique malhumor y bocinazos, etc...
Lo que me molesta, inestimado ingeniero, es la H amarilla empapelando las obras... la batucada con 7 u 8 personas bailando por la avenida con la remerita verde (de la foto)... me molestan los 5 chalecos verdes juntos explicando, casi al unísono cual niños cantores de Lotería Nacional, que no se puede estacionar sobre esta calle... me molesta que a los cartoneros se los llame "recuperadores urbanos"... (no tiene que ver... pero me molesta la sonrisa de Rodriguez Larreta... la de la foto... la de siempre).
Es una forma de hacer política que me exaspera... eso de mostrarse... de exponerse... de hacer para mostrar que hacemos, y no importe si lo hacemos bien... tan pero tan... no sé, macrista.

¿Querían noticas?

La verdad es que me parecen innecesarios los noticieros (mucho más los canales de noticias, claro) pero ahí están. Salvo contadas excepciones los evito arbitraria y sistemáticamente, pero ahora que las cenas vienen con Pells incluidos hay días en que veo el final de "Telefé Noticias".
No sé bien qué le pasa a esta gente, me parece que se quieren parecer al noticiero de la novela que sigue, o quieren sumar televidentes que antes no tenían... pero la metodología me exaspera.
Hacen bromas entre ellos, se tientan, presentan cada vez más notas de color o notas de computación o notas "raras"... se nota demasiado que se quedan sin material y tienen que alargar los minutos para ganar más puntos de rating... o para que la novela gane mas puntos de rating (no termino de entender la lógica de los cambios de horarios).
Ahí están ellos con esa sonrisa exigida (o gesto adusto, depende de la sensación que deben transmitir) y trajes impolutos, en su burbuja noticiaria comercial propagandera violentante, mostrando un mundo Pells pero "real"... Por lo menos Mex, Arana y Busnelli me sacan una sonrisa.

Anécdota prestada *

El puesto de arquero es claramente el más ingrato en el fútbol.
Un error del portero puede llevar a la derrota más humillante o, en un penal atajado, suele culparse a la inoperancia del circunstancial pateador.
De todas maneras allí estaba yo. Haciendo frente a la historia del puesto con la frente bien alta, el pecho inflado y la mirada en una rubia voluptuosa de 3º3ª que caminaba cerca del área chica, ignorándome perfectamente.
El grito de Fernández, mi ocacional defensor estrella, llamó la atención de la rubia y un segundo más tarde de lo debido, mi propia atención.
La pelota venía hacia mi posición. Era mi momento. Era la dignificación de una especie en extinsión, que son los arqueros, pero también era hacer notar mi existencia a la tetona de 3º. Enfrente mío, mi rival, mi antagonista, el que podía arruinar mis planes y, vaya paradoja del destino, el mismo que me podía hacer lucir frente al universo. Porque con mi movimiento nacía un nuevo Javier, un referente en el área y en la vida.
Y me arriesgué, porque ahí se jugaba mi destino, ahí empezaba a hacerme dueño de mi vida. Porque la rubia, mis compañeros y los adversarios notarían mi presencia para siempre.
Y ahí fuí, me arrojé. Demostrando un gesto técnico notable puse mi cuerpo horizontal, apoyando el hombro y el codo izquierdo, con las manos bien abiertas y seguras para tomar la pelota.
El cholo con mirada fija y actitud inquietante venía en feroz carrera. Por un momento dudé que llegara antes el hábil delantero y punteara el balón para hacerlo retozar en el fondo de la red. Pero yo estaba allí para impedirlo. Mi orgullo y dignidad estaban en esa pelota, mi vida entera iba rodando y picando a mis manos. Y sí... lo hice. La pelota llegó mansa a mis manos. Por una vez ganaban los buenos. El final feliz. Hasta Hollywood estaría dispuesto a hacer la remake.
Sin embargo, esa carrera voraz del intrépido adversario no paró sino entre el cuarto y quinto metatarsiano de mi mano derecha.
La vehemencia del cholo en su búsqueda por la redonda provocó un esguince dificil de soportar. Mi grito agudo fue el pefecto cierre para ese escenario, indigno, lleno de risas de todos los presentes... no vi dónde fue a parar la pelota... no quise ver... tampoco si la rubia lo había visto.
Nunca volví al arco, ahora soy un mediocre delantero que de vez en cuando hago algún gol de rebote.


* Anécdota de un compañero y que yo aggiorné. Le tetona es una personaje ficticio, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Creyente por conveniencia

Fui criado en una familia católica apostólica y supongo, también romana. La educación siempre fue muy católica, sumamente apostólica y no tanto romana... pero... con los años... míos y de la iglesia... me fuí alejando.
Ya estoy grandecito y ya no creo en la institución (más bien la detesto) y todavía estoy conversando conmigo mismo acerca de si creo o no en Dios...
Pero tantos años de miedo y culpa aprehendidos por la religión no me iban a ser en vano...
Muchas veces (no tantas, pero para un relato sirve la exageración) sueño que estoy por morir, o me creo en peligro de muerte... y cuando en el sueño noto eso, presiento el fin... rezo...
Sí sí... el tipo se quiere asegurar el paraíso... una conversión de último momento... como para cuando haga el chek-in allá arriba pueda decir "El tren ése me agarró cuando estaba rezando, vos lo viste".

Farsante

Sarita (nombre ficticio para preservar su identidad) tenía una cena familiar. Le pidió a la señora que le limpia la casa que le hiciera knishes para llevar a esa cena...
Por lo que pude escuchar en los llamados telefónicos que hizo Sarita, la comida tuvo éxito... un comensal solo atinó a decir que le faltaba cebolla, pero en general no hubo más que felicitaciones...
Sarita, lejos de aclarar el origen de los knishes, se hizo cargo del éxito... "La primera vez que los hago en 65 años, no está nada mal"...
Cuando Sarita habló con la verdadera cocinera ocacional (para colmo, habló para decirle que tiene que hacer más para la semana próxima), el inconciente hizo lo suyo... "Sí, me ... ehm... te felicitaron por la comida".
No hagan esto en sus casas.